PALABRAS DEL EDITOR
Los venezolanos cada día estamos más conscientes de
que la Asamblea Nacional Constituyente convocada por el Presidente de la
República, es una gran estafa contra el pueblo, cometida con premeditación,
ensañamiento, alevosía y abuso de autoridad, cuya finalidad es consolidar un
totalitarismo comunista contra la voluntad de la mayoría.
En efecto, conforme a la convocatoria a una
Asamblea Nacional Constituyente
realizada por el Presidente de la República,
y a sus bases comiciales propuestas
por él mismo, ambas declaradas constitucionales por
la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, que sirvieron de insumo a las bases comiciales definitivas establecidas por el Consejo
Nacional Electoral, cualquiera que sea el número hasta ínfimo de electores que apoyen
ese poder constituyente originario, el mismo de todas maneras será capaz de
desalojar ipso facto al Poder
Legislativo Nacional, a la Fiscalía General de la República y a cuanto poder
público le plazca, y podrá gobernar absolutistamente por tiempo indefinido sin
necesidad de someterse más nunca al escrutinio de una votación del pueblo,
pudiendo inclusive hasta dictar una nueva Constitución sin requerirse
obligatoriamente que la misma sea aprobada por el pueblo mediante el sufragio.
Ahora bien, semejante acto de magia política propio
de la época absolutista donde el monarca era el único origen de todo poder
público, es indudable que no tiene cabida en pleno siglo XXI luego de que la
Revolución Francesa, imbuida de las ideas plasmadas en el Contrato Social de Juan
Jacobo Rousseau, consolidó en la humanidad la idea de que la
soberanía reside no en el monarca sino en el pueblo, y que es que es gracias a la voluntad
general de los individuos que éstos se someten a un pacto social ideal en el cual se
gobiernan a si mismos democráticamente.
Por lo tanto, es completamente absurdo por
anti histórico que en Venezuela hoy existan instituciones como el Consejo Nacional
Electoral y la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, que se han confabulado para perpetrar una violación tan grave a la soberanía popular, pretendiendo
que una fechoría de esa dimensión tan descomunal sea tolerada por los
venezolanos y por el mundo, y que se equivoquen de una manera tan torpe creyendo
que podrán esconder semejante ilícito mediante la desinformación, el engaño y
la astucia.
Es por ello que debemos confiar en que la
sensatez privará y que finalmente no se dará lo que los psicólogos y criminólogos
denominan “el paso al acto”, puesto que quien siembra fuegos cosecha tempestades y en Venezuela no queremos más tragedia de la que ya hemos vivido
con este gobierno inepto de Nicolás Maduro Moros, sino que deseamos resolver
nuestra penosa situación económica, social e institucional por la vía
democrática, a través de la decisión de la mayoría y no de la decisión exclusiva
de una minoría sin autoridad política ni moral para seguir gobernando al país.
En ese contexto es
que entran en juego las tres demandas que hemos promovido contra el Consejo
Nacional Electoral, que actualmente cursan en la Sala Electoral del Tribunal Supremo
de Justicia, que puedes ver en https://simongabay.blogspot.com/p/las-tres-demandas-que-se-complementan.html, sustentadas únicamente en insólitas
violaciones ramplonas de normas legales y
principios elementales del proceso electoral venezolano, cometidas por el
Consejo Nacional Electoral, toda vez que debido a dos sentencias ya dictadas por
la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, quedó agotada la
posibilidad de criticar las inconstitucionalidades que son consecuencia de los tres
(3) Decretos dictados en este caso por el Presidente de la República.

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